Las Dunas Negras de la Puna de Catamarca

Dunas Negras de Antofagasta de la Sierra
Y además: Un salar, Piedras Campanas, Cañón de Mirihuaca y Cañón Real Grande

Stefan Sauzuk explorando las
Dunas Negras de Antofagasta de La Sierra, Catamarca.
En el corazón de la ecorregión de la Puna catamarqueña encontramos algunos de los paisajes geomorfológicos más singulares del noroeste argentino. Entre salares, volcanes, altiplanos y cañones tallados por el agua, las Dunas Negras se destacan como una geoforma excepcional, tanto por su origen volcánico como por su coloración oscura, poco frecuente en sistemas eólicos continentales.

Video documental
En esta publicación nos vamos a explayar un poco más profundamente sobre nuestro recorrido por varios sitios de la puna de Catamarca realizado en enero de 2026, cuyo video documental está al final de este párrafo. Se trata de una excursión que nos permitió recorrer distintos ambientes asociados al altiplano catamarqueño donde visitamos un salar y recorrimos la parte baja del gran complejo volcánico del Volcán Galán (cañones), entendiendo el territorio como un sistema integrado. Sin embargo, el punto culminante del recorrido fueron las Dunas Negras, donde la geografía deja de ser solo análisis para convertirse en experiencia directa.
Video realizado en conjunto con Daniela Cardozo y con la participación de Ester Ochoa y Samir Quipildor, guía de la empresa Cielo Andino (whatsapp 3834356448).
Recomiendo escuchar el audio del video con auriculares ya que contiene música original↓


1- Formación de costras salinas en la Puna del norte del departamento Belén
Nos encontramos en la Puna catamarqueña, al norte del departamento Belén, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en las inmediaciones de la Ruta Provincial 43. Este ambiente corresponde a una región altiplánica de clima árido a muy árido, caracterizada por bajas precipitaciones anuales, alta radiación solar, aire seco y fuertes vientos.
Durante el verano, que coincide con la estación húmeda, las lluvias, aunque escasas, pueden ser suficientes para que el agua se acumule en depresiones del terreno, formando lagunas temporarias y humedales de altura. Estos cuerpos de agua cumplen un rol importante como reservorios naturales y permiten la presencia de fauna adaptada a condiciones extremas, como las vicuñas.
Daniela Cardozo probando sal directo desde el salar.

Sin embargo, debido a la intensa radiación solar y a la acción constante del viento, el agua superficial se evapora rápidamente. A medida que el agua escurre desde las zonas montañosas, disuelve y transporta sales y minerales presentes en las rocas, muchas de origen volcánico. Cuando la evaporación avanza, el agua se concentra, alcanza la saturación y los minerales precipitan y cristalizan, dando lugar a la formación de costras salinas.
Estas costras pueden aparecer en los bordes de las lagunas o cubrir completamente el fondo de amplias planicies, conformando lo que se conoce como salares o salinas. En algunos sectores, la acumulación de sal es tan evidente que la superficie adquiere un aspecto blanquecino, similar al de la nieve.
Desde hace generaciones, los pobladores de los puestos cercanos recolectan esta sal para consumo doméstico. No obstante, es importante señalar que, en regiones donde predominan rocas volcánicas, la sal puede contener elementos como arsénico, boro u otros metales en pequeñas concentraciones. Por esta razón, su consumo frecuente y sin control no es recomendable, aunque una prueba ocasional no representa un riesgo significativo.
En conjunto, las salinas de la Puna constituyen una valiosa manifestación geográfica y geológica, resultado directo de la interacción entre el clima, el relieve, la hidrología y la composición de las rocas, y permiten comprender cómo los procesos naturales modelan el paisaje de altura.

2- Volcanes y Piedras Campanas
Geografía sonora en la Ruta 43 rumbo a Antofagasta de la Sierra
Colada de lava de los volcanes Antofagasta y Alumbrera al costado del camino.
A orillas de la Ruta Provincial 43, camino a Antofagasta de la Sierra, el paisaje cambia de manera abrupta. El asfalto se abre paso entre un territorio que parece detenido en el tiempo geológico: coladas de lava, conos volcánicos, rocas negras y un silencio de altura que lo envuelve todo. En ese tramo, casi sin señalización ni infraestructura turística, se despliega uno de los escenarios volcánicos más accesibles y fascinantes de la Puna catamarqueña.

La colada de lava del volcán Antofagasta y el volcán Alumbrera
A pocos kilómetros del pueblo se levantan dos estructuras volcánicas emblemáticas: el Volcán Antofagasta y el Volcán Alumbrera, visibles directamente desde la ruta. Ambos forman parte de un campo volcánico joven dentro del contexto geológico de la Puna, con erupciones ocurridas durante el Holoceno, es decir, en términos geológicos, hace apenas unos miles de años.
Las coladas de lava que se observan al costado del camino corresponden principalmente a flujos basálticos, de color negro intenso, ricos en hierro y magnesio. Estas lavas se desplazaron de manera efusiva, avanzando lentamente y solidificándose en superficie, lo que generó un terreno irregular, áspero y lleno de texturas. Al caminar sobre ellas, se percibe claramente la rugosidad, las burbujas de gas congeladas en la roca y la escoria volcánica, huellas directas del proceso eruptivo.
Una de las particularidades de este lugar es que la colada está prácticamente a nivel del camino, permitiendo que cualquiera pueda subirse, recorrerla y tocar con las manos un material que proviene directamente del interior de la Tierra. No es un paisaje para mirar solamente: es un espacio para experimentar con el cuerpo.
Desde lo geográfico, esta zona se ubica a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, en pleno ambiente de altiplano andino, caracterizado por una extrema amplitud térmica, vientos persistentes y una aridez casi total. Estas condiciones no solo moldean la vida, sino también las rocas.

Las otras rocas: probablemente más antiguas, pulidas y sonoras
A pocos metros de estas coladas jóvenes aparece otro tipo de material completamente distinto. Son rocas negras con tonos grisáceos o azulados, visiblemente más pulidas, lisas y brillantes cuando el sol las ilumina. A diferencia de la lava rugosa, estas superficies suaves son el resultado de miles de años de erosión eólica. En la Puna, el viento actúa como una herramienta constante de esculpido. La arena en suspensión golpea las rocas durante siglos, desgastándolas de forma pareja, eliminando aristas y dejando superficies compactas y endurecidas. Muchas de estas rocas, probablemente también de origen volcánico, han quedado desacopladas del flujo original y expuestas a un proceso erosivo mucho más prolongado que las coladas visibles hoy.

Litofonía: cuando la piedra se vuelve instrumento
Lo más sorprendente sucede cuando estas rocas se golpean entre sí. Algunas resuenan con un sonido metálico, claro, similar al de una campana. Este fenómeno se conoce como litofonía y ocurre en determinados tipos de rocas —frecuentemente basaltos— que poseen una estructura interna homogénea, sin fracturas, y una dureza que permite la vibración sonora.
Localización de las piedras campanas↓


La litofonía no depende solo de la composición química, sino también de:el grado de cristalización de la roca, su densidad, la forma, y el hecho de estar parcialmente aislada del suelo, lo que facilita la resonancia.
Este tipo de piedras ha sido utilizado desde tiempos prehistóricos en distintas partes del mundo como instrumentos musicales naturales, y su presencia en la Puna suma una dimensión sonora a un paisaje que ya es visualmente extremo.
Stefan Sauzuk haciendo tocando las piedras campanas.

Música en la Puna: del paisaje al sonido
Frente a este escenario, decidimos tomar muestras de sonido, experimentar con los golpes, los tonos y los silencios. Improvisamos ritmos y melodías directamente con las piedras, dejando que el lugar marque el pulso. No se trató solo de registrar sonidos, sino de dialogar con el territorio, de entender que estas rocas no son elementos pasivos, sino archivos vivos de procesos geológicos y climáticos.
Esos registros sonoros se transformaron en la base musical para nuestras canciones inspiradas en la Puna, pensadas especialmente para acompañar y musicalizar el video que está en esta publicación. De alguna manera, la música no fue agregada al paisaje: salió de él. Un paisaje que se camina, se toca y se escucha.
Este tramo de la Ruta 43 no es solo un paso hacia Antofagasta de la Sierra. Es un espacio donde la geografía, la geología y el sonido se cruzan. La lava reciente convive con rocas erosionadas durante milenios; el silencio del altiplano se quiebra con campanas de piedra; y el viajero deja de ser espectador para convertirse en parte activa del paisaje. En la Puna, incluso las piedras tienen algo para decir.

3- Campo Las Tobas, Cañón de Mirihuaca y Cañón Real Grande: un mismo paisaje, distintas formas
Petroglifos en el Campo Las Tobas.

Desde Antofagasta de la Sierra, comenzamos este recorrido acompañados por un guía local, Samir Quipildor de la empresa Cielo Andino (whatsapp 3834356448) indispensable para transitar estos caminos de ripio y huellas apenas marcadas que solo pueden recorrerse en vehículos 4x4. El objetivo es conocer tres lugares que, aunque diferentes en forma y carácter, forman parte de un mismo sistema geológico y paisajístico: el Campo Las Tobas, el Cañón de Mirihuaca y el Cañón Real Grande, todos modelados por una cuenca de drenaje desarrollada sobre las ignimbritas del Volcán Galán.

Campo Las Tobas: el origen volcánico del paisaje.
El primer punto del recorrido es el Campo Las Tobas, un extenso altiplano formado por tobas e ignimbritas volcánicas provenientes de antiguas erupciones del Volcán Galán, ocurridas hace más de dos millones de años. Estas cenizas volcánicas se depositaron sobre la Puna catamarqueña y, con el tiempo, se solidificaron, dando origen a grandes planicies rocosas.
La particularidad de esta roca, relativamente blanda y fácil de tallar, permitió que los pueblos originarios dejaran su marca en el paisaje. Aquí aparecen petroglifos y otras manifestaciones rupestres, testigos silenciosos de la presencia humana en un entorno extremo, dominado por el viento, la altura y la aridez.

Cañón de Mirihuaca: el agua como escultora
Avanzando unos kilómetros, el paisaje comienza a cerrarse y da paso al Cañón de Mirihuaca, un valle estrecho excavado por el río Mirihuaca sobre las mismas rocas volcánicas que vimos en el Campo Las Tobas. Este cañón forma parte del sistema de drenaje que nace en el Volcán Galán y muestra con claridad el trabajo persistente del agua a lo largo del tiempo.

Cañón de Mirihuaca.
Cañón Real Grande: la magnitud del tiempo geológico
Entre los cañones de Miriguaca y Real Grande, la flora es escasa y típica del desierto de la Puna: pastos duros, tolas y pequeñas plantas que crecen entre las rocas y resisten el frío y la sequedad. Solo en las cercanías del río y las vegas aparece el verde, aportando contraste y vida a este ambiente árido.
El recorrido culmina en el Cañón Real Grande, una de las expresiones más imponentes de este sistema de quebradas asociado al complejo volcánico del Volcán Galán, considerado uno de los supervolcanes más grandes del planeta. Aquí, el agua que fluyó sobre las ignimbritas excavó un cañadón de más de 70 metros de altura, revelando paredes verticales y una escala que impresiona.
Aunque no existe una datación absoluta del cañón, se sabe que la roca madre, correspondiente a la ignimbrita del Galán, tiene aproximadamente 2,2 millones de años, y que la erosión fluvial posterior fue la responsable de modelar esta profunda garganta. El río que lo esculpe se alimenta de los deshielos y de las lluvias estivales propias del ambiente puneño.
Durante la caminata, la fauna aparece de manera inesperada. Entre las enormes rocas, es común ver vizcachas saltando con agilidad por paredes casi verticales, perfectamente adaptadas a este entorno extremo. Más adelante, sobre las planicies abiertas, la presencia de suris acompaña el cierre del recorrido, integrándose al paisaje de volcanes, viento y horizontes lejanos que define a la Puna.
Además, en las paredes del cañón se observan pinturas rupestres que, según relatos locales, habrían sido realizadas con sangre humana mezclada con toba volcánica, sumando un componente cultural y simbólico a este escenario natural de enorme fuerza.

Río en el Cañón Real Grande.

4- Dunas Negras de Antofagasta de la Sierra
Geografía, viento y tiempo en la Puna volcánica
Ahora sí, dedicamos lo que sigue a este singular paisaje de Antofagasta de la Sierra.

Localización↓


Llegar a las Dunas Negras, en el departamento de Antofagasta de la Sierra (Catamarca), es ingresar en un paisaje donde el viento, el volcán y el tiempo dialogan en silencio. El acceso es exigente, la altura supera los 3.600 msnm y el entorno es extremo, pero allí se revela una de las geoformas más singulares de la Puna: campos de dunas formadas por arena volcánica negra, producto de procesos eólicos que siguen activos en la actualidad.

Posando en las Dunas Negras de Catamarca.
El volcán El Jote, visible en el horizonte, no es solo parte del paisaje: es el origen último de los materiales que hoy el viento modela en forma de dunas. Estas geoformas no son estáticas; cambian de forma, reorganizan sus crestas, pero —como muestran las imágenes satelitales— permanecen ancladas al mismo sector del territorio, controladas por el relieve y la disponibilidad de sedimentos.
1. El origen del material: meteorización de rocas volcánicas
Todo comienza en las rocas volcánicas que afloran en la región. Lavas basálticas, escorias e ignimbritas asociadas al campo volcánico de Antofagasta de la Sierra sufren meteorización física, favorecida por: grandes amplitudes térmicas diarias, ausencia de cobertura vegetal, baja humedad ambiental,y fracturación previa de las rocas. Este proceso fragmenta la roca sólida en clastos cada vez más pequeños, hasta generar arena volcánica.

2. ¿Por qué la arena es negra?
El color oscuro se debe a la alta concentración de minerales pesados, principalmente magnetita, junto con otros minerales ferromagnesianos presentes en las lavas basálticas. La respuesta de los granos al acercar un imán es una evidencia directa de esta composición. Este fenómeno es comparable al de otras arenas negras volcánicas del mundo, donde la selección eólica concentra los minerales más densos, dejando arenas de tonos oscuros o negros. La "primera" duna que visitamos y que sale en el video presenta, además, mezcla de granos claros (cuarzo, fragmentos pumíceos o ignimbríticos), probablemente incorporados desde las rocas circundantes. Esto explica su color gris oscuro, a diferencia de otras dunas cercanas, más homogéneas y negras, visibles hacia el norte.
Una de las dunas negras y al fondo los volcanes que le dieron origen.

3. Deflación: el arranque del sedimento
Una vez que la arena está disponible en superficie, el viento entra en acción. El primer proceso es la deflación, es decir, el levantamiento y remoción de partículas sueltas por la turbulencia del viento. Las zonas de deflación suelen ubicarse en superficies desnudas, planas o levemente inclinadas, donde el viento tiene espacio para acelerarse. Allí se “vacía” el material fino, que queda disponible para el transporte eólico.

4. Transporte eólico: cómo viaja la arena
El viento transporta los granos según su tamaño y peso mediante tres mecanismos principales:
• Saltación
Es el proceso dominante en arenas: los granos rebotan a pocos centímetros del suelo, impactan otros granos y generan un efecto en cadena. La saltación permite que la arena avance kilómetros desde su fuente original.
• Rodadura o creep
Los granos más grandes se desplazan rodando o deslizándose por el impacto de los que saltan.
• Suspensión
Las partículas muy finas (limos y cenizas) pueden mantenerse en el aire y viajar grandes distancias, aunque no son las principales formadoras de dunas. A diferencia de la arena propiamente dicha, que el viento no es capaz de elevarlas a más de 1 metro de altura.

5. ¿Por qué el viento "se detiene" aquí? El papel del relieve
Aunque el viento puede transportar arena durante largas distancias, no lo hace de manera indefinida. Cuando encuentra obstáculos topográficos —cambios de pendiente, lomadas, volcanes— pierde energía. En ese punto, los granos ya no pueden seguir avanzando y se depositan, iniciando la formación de dunas. El relieve actúa como trampa sedimentaria, explicando por qué las dunas se forman siempre en el mismo sector, aunque cambien su forma con el tiempo.

6. Formación y dinámica de las dunas
Una duna típica presenta: una ladera suave de barlovento (desde donde viene el viento), una cresta, y una ladera abrupta de sotavento (opuesta al viento), donde la arena cae por gravedad. Las crestas se desplazan, se deforman y se reorganizan según la intensidad y dirección del viento. Sin embargo, este campo de dunas pareciera no “migrar” como un todo, algo que se confirma al comparar imágenes satelitales de distintos años: la duna cambia, pero permanece en su lugar.
De izquierda a derecha: Ester Ochoa, Samir Quipildor (guía),
Daniela Cardozo y Stefan Sauzuk visitando las Dunas Negras
de Antofagasta de la Sierra.


7. Un paisaje vivo
Caminar sobre estas dunas es leer procesos geológicos en tiempo real: deflación, saltación, abrasión, depositación. Pero también es permitir que la geografía deje de ser solo análisis y se vuelva experiencia, emoción y vínculo con el territorio.
Las Dunas Negras de Antofagasta de la Sierra no son solo un objeto de estudio: son el resultado visible de la interacción entre vulcanismo, clima árido y viento persistente, una lección abierta de geografía física en pleno corazón de la Puna.
Porque estos territorios no se recorren solo con mapas o conceptos. Se recorren con el cuerpo, con los sentidos y con un compromiso profundo de cuidado y respeto.

Cuando visites lugares como estos no te olvides de nuestro lema:
#CuidemosNuestraCatamarcaNatural

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