En julio de 2026 visitamos la localidad de El Durazno, en el departamento Belén. Lo hicimos unos días después de haber estado en Laguna Blanca, en aquella cacería de nieve que compartimos quien escribe, Stefan Sauzuk, junto a Daniela Cardozo, Ester Ochoa e Iván Alvarado.
Salimos tempranito, antes del amanecer, desde Hualfín hacia El Durazno. La mañana estaba muy helada: el termómetro marcaba dos grados bajo cero y la escarcha cubría el techo del auto. Desde allí hicimos el cambio obligado de vehículo y subimos a la 4x4 de Iván, aprovechando también que Ester es oriunda del lugar y conocía bien el destino hacia donde íbamos: El Tolar.
El camino en camioneta: de El Durazno a El Tolar
El Tolar se encuentra a más de 25 km de El Durazno, y su único acceso vehicular es una ruta recientemente abierta para camionetas 4x4. No está pavimentada y, en varios sectores, obliga a cruzar el río El Tolar o a avanzar por tramos pedregosos, con zanjas y pasos donde el manejo debe ser cuidadoso.
En este recorrido fuimos ascendiendo altitudinalmente desde aproximadamente los 2000 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentra El Durazno, hasta los 3450 metros, sector hasta donde llega esta ruta, que dicho sea de paso es la Ruta Provincial 223.
La transición del paisaje: monte, prepuna y puna
Durante todo el trayecto se observa con claridad el paisaje típico del oeste provincial, marcado por una transición entre la ecorregión del monte en las zonas más bajas y la prepuna a medida que la altitud aumenta. En la parte baja aparecen jarillas, retamos, pichanillas y algarrobos, aunque estos últimos no alcanzan el porte que suelen tener en sectores más bajos de Catamarca.
A medida que se asciende, ganan presencia los cactus columnares, conocidos como pasacanas o achumas, algunos de gran altura y volumen. Ya cerca de los 3000 metros, esos cactus comienzan a desaparecer y el ambiente se vuelve más puneño, dominado por hierbas bajas, tolares, cortaderas y pajonales.
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| Muy cerca de La Cuesta. |
Un clima árido y difícil
El clima acompaña esa sensación de altura y aridez: predominan los vientos secos, la baja humedad y, cuando el suelo está suelto, el polvo en suspensión aparece como parte del paisaje. La amplitud térmica se siente mucho, con amaneceres fríos casi siempre, tardes más agradables en las partes bajas y más frescas en las zonas altas; además, el invierno y buena parte de la primavera corresponden a la estación seca, mientras que las lluvias se concentran sobre todo en el verano.
Geoformas, rocas y altura
El paisaje también llama mucho la atención por sus formaciones erosionadas, hechas de un material conocido comúnmente como jaci. En realidad, se trata de rocas sedimentarias, con conglomerados y areniscas que, por acción del agua, el viento, la pendiente y el paso del tiempo, forman acantilados, torres, cárcavas y otras geoformas muy vistosas.
Las rocas sedimentarias clásticas, como conglomerados y areniscas, se originan por meteorización, transporte, depositación y posterior compactación o cementación de sedimentos, lo que ayuda a entender por qué este paisaje conserva tantas formas de erosión visibles.
Estas geoformas marcan las primeras estribaciones de lo que más arriba se convierte en la Sierra de Alto Huasi y, hacia el sur, en la Sierra de Fiambalá, sobre su ladera este. Por partes seguimos el curso del río hacia sus nacientes y comenzamos a ver, en las zonas más altas de las montañas, vestigios de hielo. A esa altitud, con esta situación meteorológica y en pleno invierno, los cursos de agua llegan a congelarse.
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| Puesto La Cuesta a mitad de camino entre El Durazno y El Tolar. |
Aproximadamente a mitad del recorrido llegamos al puesto La Cuesta, llamado así porque desde allí en adelante el trazado de la ruta empieza a serpentear en zigzag, con un ascenso notorio hasta alcanzar los 3000 metros sobre el nivel del mar. Es el primer ascenso brusco de prácticamente todo el camino.
En ese lugar se encuentra la casa de Monge Delgado, de 70 años (2026), quien vive criando cabras y adaptándose a lo agreste de su entorno. Al final del video incluimos una entrevista que le hicimos allí mismo, aunque antes seguimos todavía más arriba, hasta el final de la ruta.
La llegada a El Tolar y el inicio de la caminata
Localización geográfica
Seguimos hasta la centralidad de la localidad de El Tolar (3200msnm) y pasamos por algunos caseríos ubicados antes y después de ese punto. Lamentablemente, en ese momento las personas no estaban muy dispuestas a ser entrevistadas, así que continuamos con la segunda parte del paseo: una caminata de unos 2,5 kilómetros hasta el Chorro de El Volcán.
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| Chorro de El Volcán. |
El Chorro del Volcán
El Chorro del Volcán es una caída de agua que desciende varios metros en altura de forma escalonada. En verano se mantiene líquida y descongelada, pero en esta época del año la encontramos casi cubierta por una carcasa de hielo, mientras por debajo el agua seguía fluyendo en estado líquido.
El Chuscho
En esa zona también se encuentran los vestigios o ruinas de la casa de la abuela de Ester Ochoa, nuestra guía y amiga, quien nos mostró el lugar y le dio al recorrido una dimensión más humana y familiar, además de geográfica.
Un camino necesario, pero todavía difícil
Algo que notamos durante todo el recorrido es que, si bien el camino fue abierto hace poco y representa una verdadera bendición para las personas que vivían bastante aisladas, todavía no está en las mejores condiciones. Hoy permite el ingreso de vehículos, pero principalmente de camionetas 4x4. Otros autos probablemente no puedan hacerlo, o deberían avanzar con muchísimo cuidado, bajándose cada tanto para revisar piedras, zanjas o sectores complicados.
También ingresan motos, bicicletas, caballos y personas caminando de tanto en tanto. El problema mayor seguramente aparecerá en verano, cuando comiencen las lluvias y el río crezca, porque esas crecidas suelen borrar parte del trazado o afectar la estabilidad del camino.
Así terminó esta gran primera parte del paseo por El Tolar: primero en camioneta, ascendiendo entre ecorregiones, quebradas, rocas sedimentarias y puestos de altura; y finalmente a pie, caminando hasta la cascada congelada para volver después al vehículo y cerrar una jornada de esas que muestran, una vez más, la enorme diversidad natural y humana del oeste catamarqueño.
No se olviden de nuestro lema: cuidemos nuestra Catamarca natural.
Fotos, video, mapas y texto, por Stefan Sauzuk.
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